Por Maria Jesús Rodriguez Pueyo PADRE, COGEME, PONME LA MANO AQUÍ Y CUENTAME UN CUENTO… Anochecía Cuando llegaba tío Elías a su casa de trabajar. Juan, su hijo, lo estaba esperando con impaciencia. Al verlo salió corriendo hacia él. - ¡Mila, que ya estoy aquí! -gritó tío Elías a su mujer. - Bueno, vamos a ver, ¿qué cuento quieres que te cuente? “La zorrita y la cigüeña” En el arroyo de la Anguilucha, ahí cerca de los baños, la zorrita y la cigüeña se juntaron a la puerta del molinillo. Estaba cerrado; miraron por la ventana y no había nadie dentro pero vieron que había harina y decidieron hacer unas puches. Como la zorrita decía que ella no podía entrar porque la ventana estaba muy alta, entró la cigüeña y sacó la harina. Las hicieron en la baranda y como estaban muy calientes, decidieron echarse la siesta mientras se enfriaban y acordaron que la primera que se despertara llamaría a la otra para comérselas. La zorra, como es tan zorra, estaba al cuidao de que se durmiera la cigüeña. Cuando la cigüeña se durmió, ella se levantó, se comió todas las puches y se volvió a echar la siesta. Y ya muy tarde, muy tarde, se despertó la cigüeña y dijo:
Fueron juntas pa allá y no había puches y empezaron a discutir. La zorrita decía que se las había comido la cigüeña y la cigüeña que había sido la zorrita. Así discutían hasta que la zorrita quiso matar a la cigüeña. Se montó la zorrita y la cigüeña empezó a volar, volar, volar,…, y cuando iban muy alto empezó a ladearse y decía la zorrita: Pero la cigüeña se siguió ladeando hasta que la zorrita no pudo aguantar más y se cayó…y cuando venía pa abajo, vió que iba a caer encima de una peña y decía la zorrita:
Atento como Juan estaba todo lo que su padre decía, le preguntó: - ¡Vale!, ahora cuéntame el cuento de “las vacas del abuelo Antonio”. En esto que entró tia Julia la vecina y oyendo lo que contaba el padre le dijo a Juán: - Pues verás, el abuelo Antonio iba a arar con una yunta de vacas a Cañalafuentes, ahí al lao del Castrejón y a mediodía soltó las vacas para que comieran; luego se echaron la siesta y una se durmió. Pasó por allí una zorrita y dijo: Los zorritos eran tres. Uno se llamaba Matías, otro Tomás y otro Vicente. Y los zorritos, enganchaos en la soga, fueron a parar al corral del abuelo Antonio que cogió un palo y… no se les ha vuelto a ver más por allí. Cuando tía Milagros llegó con la cena, Juan ya se había quedado dormido… |
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